Házmelo como si fueras un agricultor (a)

Prepara el terreno. Voltea el pasado en profundidad. 

Elimina restos de relaciones anteriores para que cuando crezca lo nuestro no compita por el espacio y la luz. 

Corta de raíz. Mete vertedera y chisel. Las malas hierbas autóctonas crecen más rápido que un nuevo cultivo.

No te quedes en la superficie. Oxigena. Intenta que el lecho de siembra sea mullidito y esponjoso. Fácil, muy fácil, para que cuando germine nada pueda obstaculizarlo.

Saca a la luz todas tus mierdas. El estiércol es básico para nutrir la confianza. Pero cuidado; no te lances si no hay agua y el clima no es el más adecuado. Sin humedad y calor no crece nada.

No intentes modificar mi naturaleza. En el mejor de los casos acabaré generando resistencias y, en el peor, una enfermiza dependencia. Los vinos más auténticos son aquellos que reflejan el verdadero carácter del terroir. La (bio) diversidad hará sostenible nuestra historia.

No me pidas certidumbres. Habrá épocas de sequía, momentos en los que te deje helado/a, alguna que otra plaga de enfados y miles de adversidades que limitarán nuestro crecimiento.

Tranquilo/a, si la tierra es fértil todo vuelve a brotar. Y si no, los tratamientos preventivos serán la práctica más efectiva: hazme sentir cada mañana que soy la parcela más importante de tu vida.

Piérdete en detalles… del terreno; un desayuno virgen extra, un abrazo de ibéricos, una disculpa redonda en boca, un malentendido semi-curado. Eso sí, déjame alguna vez con la miel en los labios. 

Sin apenas darte cuenta, estaremos en el punto óptimo de maduración y habrá que recoger los frutos de nuestra relación.

Mientras tanto, observa en silencio. Es imprescindible para hacer cosas memorables. 

Pasión por el campo. Esa será nuestra foto-síntesis.

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Estas Navidades regala “Agri_Cultura”:

https://libreria.editorialagricola.com/editorial-agricola-libreria/varios/conocer-la-agricultura-y-la-ganaderia_177_64_12784_0_1_pro.html

Se necesitan agricultores jóvenes. Razón: campo español.

Te dirán que los príncipes azules nunca llegan en tractor. Que tu familia sí pero tú no. Que se suda, se madruga y siempre te queda la duda. Que todo tiene un precio pero tú no se lo pones. Que los surcos se acaban reflejando en la cara y que siempre estará ahí como última opción. Que en el pueblo se vive por debajo de tus posibilidades. Que nadie puede ponerle puertas al campo y el frio se sufre en HD y que Apple, aunque signifique manzana en español, se creó en un pequeño garaje y no en un corralazo con vertedera, perro y remolque. Y lo intentarán de nuevo versionando sus propios refranes, porque “hijo mío, aunque siembres, aquí hay veces que no recoges”.

Pero olvidarán algo esencial. El futuro no es lo que era, y el sector agrario tampoco. Hoy un tractor tiene más tecnología que cualquier AVE de última generación. En muchos cultivos se puede realizar todo el proceso sin bajarte del mismo: preparación del terreno, siembra, abonado, tratamiento de plagas y cosecha. En pocas profesiones se pueden recoger los frutos de tu trabajo desde un ergonómico y confortable asiento con vistas al prado.

Además, desde el sofá de casa puedes activar vía móvil el riego por goteo o programar la ración de pienso de tus cerditos del domingo por la mañana. Y es que el smartphone te será mucho más útil que un azadón. Y a ti, como nativo digital, su uso te viene de serie. La próxima  gran revolución agraria vendrá de la mano de las nuevas tecnologías. ¿Te imaginas sulfatando con unas “google glass”?. Pues ya es posible. La “play” será un juego de niños.

A nivel de imagen social no te preocupes. La figura del agricultor se ha revalorizado ante el aumento de la demanda mundial de alimentos en las próximas décadas. En 2050 seremos 9.000 millones de personas en el mundo y  habrá que alimentar a todas. Tú serás imprescindible para ello. No olvides que las principales escuelas de negocio sitúan la figura del “tecnoagricultor” en el “top-five” de las profesiones más demandas en el horizonte 2025. Eso sí, la formación contínua será un requisito básico para los nuevos profesionales agrarios. La innovación hará que tu explotación sea más competitiva y te salgan los números a final de mes. Recuerda que experiencias gastronómicas como el Bulli de Adría o el Celler de Can Roca no hubieran sido posibles sin el buen hacer de nuestros agricultores y ganaderos. La alta cocina empieza a pie de campo. 

Y no sólo eso, con tu labor conseguirás que mi cielo vuelva a tener ese azul sin apellidarte Alborán. Aprenderás a utilizar feromonas sexuales de hembras para atraer a insectos macho a un recipiente-trampa. Sí sí, no es un chiste “verde”, es una realidad llamada “lucha biológica” que se utiliza cada vez más para combatir las plagas, reduciendo así el uso de los productos fitosanitarios más agresivos con el medio ambiente. Si además apuestas por un cultivo leñoso, caso de la vid o el olivar, estarás contribuyendo a mitigar el cambio climático porque son sumideros naturales de CO2. 

Si vienes, la gente se podrá seguir enamorando en las fiestas del pueblo, habrá niños correteando por la calles, no se cerrarán colegios, quizá asfalten aquella vieja carretera comarcal y dotarás de sentido a la manoseada expresión “medio rural con vida”. No será fácil, pero seguro que es gratificante. ¿A qué esperas?. 

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En la próxima década, 6 de cada 10 agricultores y ganaderos entrarán en edad de jubilación.

¿No crees que es el momento de hacer algo?

http://www.somosnuestratierra.com

Contigo aprendí

Artículo para el especial 75 aniversario de la Semana Vitivinícola

Había tres publicaciones que eran objeto de deseo: el Marca, la Interviú y la Semana Vitivinícola. No necesariamente por ese orden, porque en aquella tierra las previsiones de cosecha y el precio de la uva interesaban mucho más que el vello púbico de la última ganadora de Gran Hermano o el esguince de tobillo de Arbeloa. Los domingos por la tarde en hora punta, justo antes de empezar la partida, era imposible conseguir el último número. Hablamos del Círculo Recreativo Cervantes, el casino de Pedro Muñoz, situado en el epicentro del viñedo más grande del planeta, La Mancha.

Durante casi una década mis padres regentaron el bar-restaurante del Casino Cervantes. Yo era un adolescente que, entre chatos de vino y perdices escabechadas, soñaba con ser periodista algún día. En mis primeros días tras la barra, (había que ayudar en el negocio familiar), me llamó poderosamente la atención el interés que suscitaba una pequeña revista especializada en el sector vitivinícola con formato cuartilla. “Chaval, ¿has visto por aquí la Semana Vitivinícola?”, era una pregunta recurrente. Había gente que incluso, al mismo tiempo que la ojeaban, tomaba notas en una servilleta para utilizarlas después en la junta de la cooperativa.

La mayoría de los socios de aquel casino eran viticultores. Agricultores de pura cepa que vivían para su trabajo, convirtiendo sus escasos ratos de ocio en acaloradas brainstorming vitícolas en torno a una baraja y un tapete verde. Y ahí, el “lo he visto en la Semana Vitivinícola” era el argumento fuerza para zanjar cualquier tipo de duda o polémica.

Eres verdaderamente influyente cuando llegas a las conversaciones de barra de bar. Mucho antes de que apareciera el término en las agencias digitales de medio mundo, la Semana Vitivinícola ya era el gran “influencer” del sector. Y todo ello porque durante 75 años ha ofrecido una experiencia  “redonda en boca”. Lo que también llaman ahora “customer centric”, poner al cliente en el centro de tu estrategía. Conocerlo tanto como para saber que aún es necesario recoger los precios de la uva en euros y pesetas porque a pie de campo se habla así. Perderse en los detalles. Ofrecer una visión global con marcado acento local, en la que puedes encontrar lo último de la industria vitivinícola de Sudáfrica y el precio que marca la uva airén en Socuéllamos. Es la forma de conseguir que tus lectores se sientan plenamente identificados con el contenido de tu publicación, paso previo imprescindible para crear la ansiada confianza y credibilidad en periodismo.

En momentos de incertidumbre necesitamos menos influencers y más referentes que nos ayuden e inspiren a la hora de tomar decisiones. Desde un pequeño pueblecito valenciano, Salvador Manjón y su gran equipo de expertos y periodistas especializados marcan el camino para esas nuevas generaciones de licenciados en Ciencias de la Información que quieran hacer un periodismo  útil y relevante. Son un ejemplo, además, de cómo se puede revalorizar la tradición para hacerla contemporánea, adaptando formatos y canales a los nuevos usos de consumo de información en la era digital. Sus brillantes infografías son buena prueba de ello.

Renovarse o morir. A día de hoy, el Círculo Recreativo Cervantes agoniza por la falta de socios, tendencia que se reproduce en la mayoría de los casinos de pueblo de toda España. Ante la falta de recursos han reducido al mínimo el gasto en gasóleo para calefacción y cancelado una parte importante de las suscripciones a diarios, revistas y plataformas de TV digital. Sin embargo, aún puedes encontrar la Semana Vitivinícola en alguna de la mesas, justo encima del tapete verde esperanza. Fidelidad llevada al extremo, tal y como dice la canción, “contigo aprendí que la Semana tiene más de 7 días, que tu presencia no la cambio por ninguna”.

Mi más sincera enhorabuena por estos 75 años.

Cosas que nunca te dije a la sombra del remolque…

“Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo”El Principito fue el primer libro que me regalaste. Recuerdo que te pregunté que si esa frase se refería a La Mancha porque en aquellos tiempos casi todos anhelaban 20 fanegas de viña con casa y pozo.

No era necesario viajar a desiertos muy lejanos para comprobar los rigores de un verano extremo. La época de siega y esos campos de Castilla, a punto de ebullición, despojados de cualquier concesión a un verso de Machado, convertían la sombra de un remolque en un pedacito de cielo en la tierra. Tras apoyar la espalda en una de las ruedas, el silencio. Esos silencios que sólo entienden los hombres y mujeres del campo. Secos y ensimismados. Interrumpidos de forma puntual por el sonido de una cerveza helada a su paso por la garganta. Nunca he vuelto a escuchar ese garganteo en ningún lugar del mundo. Debería ser declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: el primer trago de una cerveza helada durante un día de faena en el campo a 40 grados. Incluso en alguna ocasión, mientras disfrutaba de esos momentos, fantaseaba con la idea de cada sombra de remolque fuera un espacio patrocinado por Mahou 5 estrellas.

Tuvo que ser un manchego el que elevara estos momentos a la categoría de arte. Hiperrealismo lo llamaron. Antonio López le quitó pomposidad al término y lo dejó en un intento de reflejar lo cotidiano sin la parte de vulgaridad que siempre lleva aparejada la realidad. Y eso requiere paciencia y quietud. Difícil en la era google, en la que casi todos queremos millones de respuestas en apenas 0,36 segundos.

Todo ha evolucionado mucho desde entonces. Ahora, una familia numerosa puede pasar una semana de vacaciones dentro una cosechadora de última generación y verse sólo para cenar. Sin embargo, la queja por los bajos precios del cereal sigue siendo marca de la casa. Con la diferencia de que, ahora, una campaña corta ya no te asegura unos precios al alza. Mientras que un cerealista de Corral de Almaguer se queja amargamente en el bar de la plaza, en Chicago un agente de bolsa acaba de reservar una suite con vistas y un par de prostitutas de lujo para celebrar los miles de dólares que ha ganado a su costa en el mercado de futuros de materias primas agrícolas.

Ya ves, allí no separan el trigo de la paja y les va bien. Lo denominan globalización financiera, una especie de casino a gran escala en el que se pueden amasar verdaderas fortunas sin llenarte las botas de polvo: 8 de cada 10 agentes bursátiles que negocian con cereales no quieren hacer pan. Tercera persona del plural del verbo especular.

Se supone que teníamos que producir para las personas no para los accionistas. Hay veces que yo tampoco entiendo nada. Cuando me pasa eso, busco una buena sombra, pido una cerveza bien fría y llevo al extremo eso que decía Rilke; la verdadera patria del hombre es su infancia.

CARTA DE MOTIVACIÓN Máster en Data Science y Comunicación

A/A del Comité de Evaluación de la Universidad Internacional de Valencia (VIU)

Era mi primer reportaje de verano en aquel diario de provincias. Nada más llegar a las instalaciones del Club Deportivo Manchego el encargado me vio la palabra becario escrita en la frente. Estaba en 3º de periodismo y ese día, a pie de campo, sin ser consciente de ello, me dio las claves para gestionar mi “marca personal”. “Lo maravilloso del césped es que crece muy rápido, es estéticamente bonito y se puede disfrutar de él en muy poco espacio de tiempo. Sin embargo,  al ser de raíces superficiales, tenemos que cuidar que no llegue alguien que las arranque porque al mínimo inconveniente, el césped sufre mucho y muere. Aquellos árboles que ves necesitan que una semilla plantada tenga tiempo para germinar, necesita de cuidados, de riego y de bastante inversión al comienzo, sin que se reciba ningún resultado temprano. Sin embargo, con el tiempo, las raíces crecen y buscan su propio alimento, el árbol crece y resiste los cambios meteorológicos, e incluso da sombra y refugio a quien lo necesita”.

Sin saberlo estaba hablando del esfuerzo y el sacrificio que supone la formación continúa, de los beneficios de una estrategia a medio-largo plazo, de la construcción de una sólida reputación y de la tasa de retorno de la inversión.  Puedes elegir crecer como el césped, rápido pero débil o bien como un árbol, lento pero robusto.

Han pasado más de 22 años y casi todas mis decisiones en el ámbito profesional han estado inspiradas por esa filosofía. El primer máster que cursé nada más acabar la carrera de Periodismo lo hice para especializarme en lo que de verdad me motivaba, la comunicación corporativa. Unos años después, busqué la conexión entra la comunicación y las ventas, y cursé un segundo máster en Dirección Comercial y Marketing. Ahora, en un momento en el que se acelera exponencialmente la transformación digital, la tecnología nos permite recabar infinidad de datos de nuestros públicos de interés en los diferentes puntos de contacto. Sin embargo, el dato en crudo no sirve de nada. Y es ahí donde surge mi principal motivación para cursar el Máster en Data Science y Comunicación: conocer en profundidad las bases metodológicas que permiten convertir esa información en conocimiento. En primer lugar, para adecuar la estrategia de comunicación a las necesidades, valores y propósitos (reales) de nuestras comunidades de interés, y en segundo, para personalizar en la medida de lo posible nuestros mensajes y contenidos y ganar así en relevancia y “engamenent”. Es uno de los grandes retos de la era digital: comunicación masiva radicalmente personalizada.

Mi intuición me dice que es el momento y el lugar. Mis raíces, que necesito “nuevos nutrientes” para seguir alimentando de forma sostenible mi carrera profesional. Mi experiencia, que  puedes encontrar valor y conocimiento en los sitios más inesperados.  

Aquel día, el director del Diario Lanza me envío a las instalaciones del C.D. Manchego para informar sobre las obras de remodelación de su terreno de juego, (de tierra a césped), tras el reciente ascenso a 2ªB. “Crecer con los pies en la tierra”,  titulé. El 20 de noviembre de 2020 cumpliré 20 años como responsable de Comunicación de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). La vida y sus bonitas casualidades.

Un cordial saludo.

Rubén Villanueva Díaz-Parreño

Pulse F5: prioridades, coronavirus y sector agrario.

No son héroes. Son agricultores y ganaderos profesionales que, aparte de leche y patatas, llevan décadas cultivando tres variedades ricas en compromiso: el esfuerzo, el sacrificio y la humildad. Soportando en la mayoría de los casos más obligaciones que derechos y una denostada imagen social. Las cifras nos dicen que, por edad, 6 de cada 10 forman parte de ese grupo de riesgo que puede tener complicaciones si se contagia de COVID19.

Sin embargo, producir alimentos en tiempos de confinamiento no te hace mejor persona ni más valiente. Te convierte, por decreto, en trabajador de  una actividad esencial como si durante los últimos 10.000 años de la humanidad no lo hubieses sido. Esencial, “aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas”. Siempre han estado ahí, con sus manos, azadas y tractores pero, como dice Yuval Noah en su célebre ensayo “Sapiens” , “la historia es algo que ha escrito muy poca gente mientras que todos los demás araban los campos y acarreaban barreños de agua”.

Durante 6 semanas han sido parte del relato por las históricas tractoradas en grandes ciudades y principales autovías. Ahora devuelven el masivo apoyo social a la legítima reivindicación de unos precios justos, desinfectado con sus tractores y equipos las calles de miles de pueblos de toda España. Una crisis sanitaria provocada por un virus obligó a suspender el proceso de movilizaciones de los #AgricultoresAlLímite. Una crisis sanitaria provocada por un virus ha devuelto a la agricultura y a la ganadería su esencialidad, en un momento en el que la sociedad está al límite. Bofetadas de realidad de la naturaleza que,  en más de una ocasión, más que madre es madrastra.

Cuando todo vuelva a la normalidad.

Es un hecho que en momentos de crisis y emergencias sanitarias volvemos a los básicos.  Salud, seguridad alimentaria, sanidad pública,  el hit “Resistiré” del dúo dinámico,  la solidaridad, el reconocimiento del otro,  los aplausos,  el  respeto a nuestros mayores, la ternura o el cuidado. Y ese estribillo del “Moving” de Macaco; “volver al origen no es retroceder, quizá sea andar hacia el saber”.

La pandemia global nos ha hecho recular en lo sanitario, y olvidarnos de nuestras fantasías de inmunidad, y en lo agroalimentario nos ha ayudado a desterrar ese suicida mantra de la UE de principios de siglo: no importa desmantelar nuestro tejido productivo, nos abasteceremos de alimentos de terceros países a bajo precio. Depender del exterior para alimentarnos no es un buen negocio. Deslocalizar toda la producción industrial al sudeste asiático tampoco. Hemos tenido que poner 2 metros de distancia para volver a tener dos dedos de frente. Las élites intelectuales y económicas de la Escuela de Chicago han pasado demasiado tiempo especulando en bolsa con el precio de un kilo de trigo sin apenas conocer su valor. Nuestros mayores, esa generación que ahora está muriendo terriblemente sola, nos lo han repetido desde niños hasta la saciedad: con las cosas de comer no se juega.

Quizá hayamos dado con la tecla para actualizar nuestras prioridades cuando ganemos la batalla al coronavirus. En ese momento, pulse F5 y actualice su visión sobre los hombres y mujeres del campo. Instale una nueva versión sobre el carácter estratégico del sector agrario. Apague su individualismo y reinicie el trabajo en equipo. Todo irá bien, si bajamos de vez en cuando de la nube, y miramos al futuro con los pies en la tierra.

“A veces sueña el sector agrario que lo queremos”

Mi pequeña reflexión sobre la #COP25

Y ¿si fuera ella?. Aunque a veces no te importe.

Pero sé que el día que la pierdas volverás a sufrir. Por ella, que aparece y que la esconden. Que sus beneficios se omiten, en una Cumbre del Clima patrocinada por aquellos que más CO2 y publicidad emiten.

Que es pregunta y es respuesta. Que es problema y solución. Y que pocos ponen el foco en su gran capacidad de mitigación.

Ella, que va conmigo pero no sé dónde va, cuando cada uno en este sector emite mensajes sin coordinación, estrategia ni unión. Como si fuera rival, aunque es compañera. Que está tan dentro de nuestra vida. Y, a la vez, está tan fuera.

Sé que volverás a perderte. Y la encontrarás de nuevo. Pero con otro rostro y otro nombre diferente: agricultura sostenible, ganadería extensiva o agricultura de conservación. Pero sigue siendo ella.

Y si tu boca se equivoca. Y al llamarla nombras otra, llamando leche a bebidas que no lo son, llamando carne a pedazos de moléculas sin origen ni pastor.

A veces siento compasión por ese ciego y loco corazón. Por esos mensajes simplistas y emocionales, sin fundamento ni razón.

Nuestro delito es la torpeza de ignorar a quien sólo tiene fe y corazón. Y va quemando, va quemándome y nos quema…la reputación.  Y, ¿si fuera ella?.

La agricultura y la ganadería, como solución.  

Discurso. Homenaje póstumo al joven ganadero turolense, José Luis Iranzo.

XV Asamblea de UAGA-COAG, 15 de diciembre de 2018. Zaragoza

Autor. Rubén Villanueva, responsable de comunicación de COAG a nivel nacional.

Alguien dijo alguna vez que la dignidad no consiste en tener honores sino en merecerlos. Sin pretenderlo, José Luis Iranzo vivió para merecer ambas cosas. Con su cruel e injusto destino nos recordó aquello que Pedro Salinas inmortalizó en una de sus cartas: “…de pronto, en un instante, podemos quedarnos ciegos en medio de la luz, muertos en medio de la vida, solos en medio del amor…”.

Desde muy pequeño conoció todo lo que a nivel social situaba la profesión de agricultor y ganadero en el sótano de las vocaciones. Que los príncipes azules nunca llegan en tractor. Que se suda, se madruga y siempre te queda la duda. Que todo tiene un precio pero tú no se lo pones, que en los pueblos se vive por debajo de tus posibilidades y el frío se siente en HD. Que aquí, en los secanos de Teruel,  se siembra pero no siempre se recoge. .

Hizo de su vida una eterna cruzada contra todo aquello y aquellos que menoscaban la igualdad de oportunidades de las gentes del medio rural.  Luchó contra el eco que se escucha en el bajo Aragón cada vez que los de arriba prometen y no cumplen. Se rebeló contra el estereotipo burlón y desfasado del agricultor con boina y zurrón.

En ocasiones, bastaba con su sola presencia para cerrar bocas y abrir mentes. Un tipo pasional, de aspecto jovial y desenfadado, capaz de relacionar en un mismo párrafo los cuatro estómagos de una oveja con el coeficiente de admisibilidad de pastos de la PAC. Yo lo llamaba Hacer un Iranzo.

Hacer un Iranzo es la fuerza inocente de los 20 años, cuando uno cree que es posible llegar a la cima sin hundir antes los pies en el barro.

Hacer un Iranzo es luchar cada día para que la dignidad de un pastor cotice siempre por encima de la rentabilidad de un fondo de inversión.

Hacer un Iranzo es no desfallecer para que los móviles vuelvan a sonar en el medio rural y las conciencias en el despacho oficial.

Hacer un Iranzo es reivindicar, reclamar, exigir, es no reblar, es pisar la moqueta ministerial con el polvo aún reciente del camino y sentarse a negociar sin vergüenza ni colores. Es maridar sindicalismo con autenticidad.

Hacer un Iranzo es morir por todo y morir por nada. Es el compromiso a “pecho descubierto”. Es reivindicar la belleza de lo simple y la esencia de una caldereta de ternasco con los amigos de Siempre.

Hacer un Iranzo es la libertad y la pureza de la “palomica”. Es la voz poderosa, natural y espontánea del Pastor de Andorra.

Hacer un Iranzo es encontrar el amor en Febrero y reconstruir cada mañana el futuro y la esperanza en la sonrisa de Aitor.

No olvidéis nunca a Jose Luís. Su recuerdo será el mejor abono para esta tierra. No permitáis jamás que nadie ni nada silencie la voz de los hombres y mujeres del campo. Ese será nuestro mejor homenaje. Lo decía Eduardo Galeano: “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Sentíos muy orgullosos de lo que sois. Él lo estaría.

Siempre UAGA. Siempre Iranzo. Siempre.





Y sin embargo te quiero… Carta abierta de un agricultor a un consumidor

Soy fan de los amaneceres, la incertidumbre y la naturaleza original de Debiles. Quizá tú seas más de atardeceres, esos que aplaudes en Ibiza con un Gin-Tonic especiado en la mano. Me necesitas como mínimo tres veces al día, pero no eres consciente de ello porque siempre has tenido la nevera llena. Incluso ser foodie es “cool” gracias a un cabrero de la Sierra de Málaga. Aunque no me veas, soy el que le pongo la palabra “encanto” a las escapadas de fin de semana en una casita rural. Sí, el bucólico paisaje y los desayunos con huevos de gallinas camperas, también llevan mi sello. Detrás de cada “buen sabor de boca” hay alguien de los mios.

imagen tierra

Con la PAC me acuesto y con la PAC me levanto. Es lo único que compartimos de verdad todos los europeos. Nos dicta las reglas del juego, que suelen cambiar unos señores de Bruselas muy trajeados cada 4 o 5 años. Cada vez que salgo al campo me siento como una especie de Benzemá en un eterno fuera de juego. Dicen que la cambian tanto porque tú quieres gallinas y cerdos más felices y un modelo de producción más verde.Reclamas granjas cinco estrellas pero quieres pagar a precios de habitación compartida en piso de estudiantes.

La PAC esté con vosotros. Y con tu espíritu. Tenemos el modelo agrario más respetuoso con el bienestar animal y el medio ambiente del mundo. Sin embargo, no estás dispuesto a pagar unos céntimos más por los alimentos y a la hora de la verdad eres sensible a los bajos precios y a las marcas blancas con producciones de terceros países que no tienen normas ambientales y en algunos casos utilizan mano de obra infantil.Échale un ratillo y te aclaras. Te doy una pista; lo que decía Machado de valor y precio.

Las ayudas, esas por las que me sueles tachar de pesetero, sirven para que puedas consumir alimentos sanos y seguros a un precio asequible. Mis costes son en ocasiones mayores de lo que me pagan. No puedo poner precio a lo que produzco. Son otros los que me lo imponen. Será por eso que me llaman “el eslabón más débil de la cadena”a pesar de la dureza de mi trabajo.

No creas que miro tanto al cielo en busca de milagros. No me puedo permitir el lujo de estar en las nubes. Una tormenta puede echar por tierra el esfuerzo de todo un año. Soy conservador, no porque tenga miedo al cambio, sino porque tengo mucho que perder. Que tus ingresos dependan de los caprichos del clima te hacen tener siempre los pies en la tierra.

Y sin embargo, tengo sueños. Transformar agua, tierra y sol en alimentos tiene algo de magia. Alimentar al mundo, algo de heroico. Dejar a las generaciones futuras un medio natural sostenible, algo de trascendencia.

Atentamente,

Tu agricultor de cabecera.

PD: recuerda que hoy, como cada noche, cenamos juntos. Pon las velas y la sonrisa. Yo me encargo del vino y el queso.